noviembre 29, 2020

Radio Gran Rosario

FM 88.9 MHZ.

El músico autodidacta que reparte verduras tocando la armónica

– Fuente: La Capital –

Federico Hug, armonicista autodidacta, le puso blues, jazz y funky a las calles desoladas del centro mientras trabajaba y cuenta la experiencia

 

 

Por Laura Vilche

Dicen los que saben que las raíces del blues, el jazz y hasta del rock and roll hay que buscarlas en esas canciones que los negros esclavos entonaban a capela como plegarias, mientras los explotaban de sol a sol en las plantaciones de algodón, tabaco o azúcar de los estados sureños de Estados Unidos.

Las escenas que supo retratar el cine norteamericano y la literatura se completaban con el cortejo del banjo, la guitarra y la armónica. Hoy, en medio de una pandemia que afecta tanto a ese país del norte como a todo el planeta, Federico Hug, un muchacho de 28 años que trabaja como verdulero en el centro de Rosario, cuenta cómo apeló a la armónica para atravesar el mutismo de las calles en la cuarentena a puro blues, jazz y funky.

“¿Vos sos el que anoche tocaba la armónica? Te escuché y salí al balcón”, asegura que le dijo un cliente. Y no fue el único, según cuenta el propio “músico-verdulero”, mote que se ganó ahora por el barrio.

Hug, de madre chaqueña y padre rosarino, nació en Viedma (Río Negro), se crió en Villa Gobernador Gálvez. Ahora vive en el sur de Rosario, en barrio Tiro Suizo, y cruza cada día en bicicleta la ciudad para ir a trabajar a Balcarce al 400. Por esa zona se lo oyó tañir su armónica, al mejor estilo del delta del Misisipi lo que llamó la atención de más de un vecino.

Pero la conexión trabajo-música de este artista autodidacta comenzó mucho antes de la reclusión obligada por la coronavirus. Hug, antes de trabajar como verdulero, fue heladero y albañil y previo a enamorarse de la armónica vivió un idilio con el piano.

“Con el dinero que ganaba en la heladería me compré el teclado y cumplí un sueño, pero un día, hace unos ocho años, tras un corte de luz se me quemó, no lo pude arreglar más y encontré una alternativa en la armónica, un instrumento que amo y al que aprendí a tocar solo aunque en esta ciudad me contacté y conocí a una pequeña comunidad de buenos músicos y buena gente: una hermandad”, dice antes de nombrar y calificar a la “armónica histriónica” de Matías Fernández; al “hombre orquesta” de la peatonal, Jacobo Lopez (quien le afina las armónicas a Hug); a “uno de los mejores del país, Franco Capiatti, y otro “monstruo” Martín Chemes.

Dicen los que saben que la armónica es uno de los instrumentos musicales más vendidos durante los siglos XIX y XX y muy probablemente existan tantas armónicas en todo el mundo como todos los demás instrumentos musicales juntos. Y si se tiene en cuenta que sólo Hug tiene 14 ejemplares, es muy posible que así sea.

“A la primera la llamé ‘Baby’, era como mi bebé, al resto ya no las bauticé pero las quiero a todas. Siempre que salgo llevo una conmigo: en un bolsillo del pantalón el celular y en el otro, la armónica”, confiesa el músico.

Durante el reparto

Recuerda Hug que la primera semana que comenzó la cuarentena, las calles del centro estaban silentes y desoladas. “Sentía que veía una película alocada, en medio de una ciudad vacía donde ni los perros se veían y con gente asustada tras las puertas, transmitían un miedo como el de un mundo que estaba por desaparecer y eso se traducía en los pedidos que hacían, parecía que tenían que llenar heladeras y alacenas. Y con los días las distancias se extremaban tanto como el uso del barbijo”, recuerda.

Fue, frente a esa escena distópica que el armonicista comenzó a tocar por las calles mientras hacía los repartos.

“Somos tres amigos, los otros dos no son músicos sino verduleros históricos. Atendemos a la gente y yo hago los repartos en cajas o con la mochila, nos cuidamos siempre, con el rociador de alcohol a mano mascarillas y al volver siempre nos lavamos las manos y debo reconocer que trabajamos bien en todo este tiempo”, asegura Hug. Pero incluso contando con buen trabajo, una ventaja de la que no gozó la mayoría de los argentinos, el armonicista decidió enfrentar al virus con música.

Mientras cargaba paquetes de acelgas, papas, calabazas y tomates incursionó con las melodías de la banda nacional porteña Blues del Sur (influenciados por Stevie Ray Vaughan y Buddy Guy. También intentó con temas de Funkadelic (un grupo funk de música afroamericana de Estados Unidos) y de Liquid Sould (banda de jazz, hip-hop y funk).

“Y me sorprendí viendo a gente que salía la balcón y hasta llamaba al resto de la familia para que escuchen, también un cliente trompetista me dijo que al escucharme retomó el instrumento y comenzó a tocar. No toqué sólo para mí, sino que enlacé a varios con la música y eso fue lo más rico”, reconoce Hug.

Cuando se le pregunta si rescata a alguna mujer armonicista, ya que no nombró a ninguna, no se queda para nada atrás: “Claro que sí, la brasileña Indiara Sfair y la argentina Ximena Monzón”.

Y dice que su deseo ahora pasa por poder componer más, grabar alguna vez un disco propio y hacer un concierto. Parece que la experiencia callejera le dejó ganas de probar con más audiencia.

Si se dará o no se verá, como tantas cosas que se posponen a al paso definitivo de esta pandemia. Mientras el músico se preparara. Cuenta que está trabajando a dúo con el guitarrista rosarino Beto Domínguez. “Seremos como el dúo de blues de Matías Fernández y Julián Cerdeira”, ironiza Hug y dicen los que saben que cuando se propone algo, lo cumple.

 

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