diciembre 1, 2020

Radio Gran Rosario

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“Hay que discutir el impuesto a la riqueza”

Entrevista a Martín Schorr, investigador del Conicet y Flacso. El autor de “Industria y Nación” y “Restricción eterna” analizó el impacto de la crisis en la economía y las “ventanas de oportunidad” que abre

 

Fuente: La Capital
Por Alvaro Torriglia / Sandra Cicaré

Las consecuencias político-económicas en la pospandemia abren un gran interrogante. Para el sociólogo Martín Schorr, investigador del Conicet y de Flacso, docente universitario en la UBA y autor de numerosos libros relacionados con la industria y el desarrollo, es “clarísimo” el impacto negativo de la crisis. “Los números de la producción y la actividad económica en general son pasmosos”, consideró. En este escenario, en los países desarrollados se han tirado los viejos manuales y el Estado asumió un nuevo protagonismo para reactivar las economías. En esa discusión, Schorr ve una primera “ventana de oportunidad” para que países como la Argentina superen “la hegemonía abrumadora del neoliberalismo”. Apuntó que el impuesto a la riqueza “sería un puntapié inicial muy interesante para una reforma impositiva que es una gran asignatura pendiente”.

_¿Cómo considera que será el impacto de la pandemia por Covid-19 en las economías mundiales, sobre todo en el sistema industrial?

_ Que está impactando de modo negativo es clarísimo. Los números que se barajan sobre el declive de la producción industrial y de la actividad económica en general son pasmosos. La mirada es bastante negra, por lo menos a corto plazo. Sin embargo, lo que ha mostrado esta crisis y esta pandemia y sus efectos económicos es que buena parte de los países, sobre todos los centrales, que son en buena medida los que le definen a la periferia lo que tiene que hacer, están tirando a la basura muchos de los marcos teóricos que en su momento usaron para decirnos lo que había que hacer. Ellos mismos nos están mostrando que el Estado tiene que intervenir, tiene que eventualmente nacionalizar sectores, debe tener una participación activa impulsando la demanda y por esa vía, reactivar la economía. Entonces me parece que, más allá de que a corto plazo los números dan mucho miedo, se abre una ventana de oportunidad para países como el nuestro, que ojalá lo podamos aprovechar Una oportunidad de volver a entender que no es lo mismo tener Estado que no tenerlo; que no es lo mismo que algunos sectores estén en manos de un capital privado que juega permanentemente con el negocio financiero y la fuga de capitales, que estar en manos de otro tipo de actores; y que es muy importante que el Estado no sólo se ocupe de la contención a los sectores populares, a ese núcleo de informalidad duro que tiene la Argentina, sino que también genere políticas activas con una mirada contracíclica. En ese marco, a mí me parece que el gobierno argentino ha venido haciendo cosas. Uno puede tener sus críticas, pero no se puede desconocer que a nivel de discurso y en parte a nivel de instrumentos, esta ventana de oportunidad empezó a aparecer en la Argentina.

-En este marco ¿cómo evalúa las medidas tomadas respecto de la pandemia por el gobierno argentino?

– Desde el punto de vista del peso económico de la ayuda, me parece que ahí hay mucho para sumar. El Estado está gastando mucho pero todavía hay cierto resquemor por los cuestionamientos sobre el déficit fiscal. Pero lo cierto es que a nivel internacional se abrió una discusión acerca de quiénes son los que tienen que financiar los desequilibrios fiscales que todas las economías del mundo tienen y van a tener, por un tiempo largo para tratar de inyectar recursos para salir de la crisis. En Argentina abre una oportunidad histórica que lamentablemente no se está aprovechando y yo creo que sería un puntapié inicial muy interesante para una reforma impositiva que es una gran asignatura pendiente. Por otro lado me parece también que muchos países como por ejemplo Alemania, están encarando políticas de nacionalización, no las llamemos de expropiación porque es una palabra que asusta, pero sí de una creciente injerencia estatal, ya sea rescatando empresas o asumiendo la gestación o la prestación de un servicio. Ese es un tema que apareció tímidamente con Vicentin pero que por ahora se quedó en algo muy tibio. Es otra oportunidad también interesante que no se está aprovechando.

-¿Cómo ves el proceso abierto a partir del default de Vicentin?

– Especialmente a Buenos Aires llega mucho el argumento de que es una empresa nacional a la que si no se la defiende, se la van a comer las trasnacionales. Yo creo que la expropiación es lo que hay que hacer. Vicentin no es la expresión de una burguesía nacional emprendedora que quiere un modelo de desarrollo para la Argentina. No la considero como tal teniendo en cuenta todo el vaciamiento, el daño que hicieron a esa multiplicidad de productores que provee la materia prima, y el manejo espúreo con el Banco Nación. Desde otro punto de vista, en Santa Fe han generado un montón de ideas alrededor de esto: por un lado el temor a la extranjerización de un sector crítico para el funcionamiento de la economía, por otro la cuestión de los puestos de trabajo y ni hablar de todo el trabajo encadenado de los micro pequeños productores. Pero además creo que ahí hay dos elementos adicionales que son muy importantes para que el Estado tenga una intervención activa. Primero, meterse en un sector que es clave en tanto le garantiza a la Argentina un aprovisionamiento de divisas en una economía con los problemas de restricción externa. Segundo, también es muy importante que haya un actor testigo que regule la relación desigual entre los productores y los oligopolios exportadores. El tercer aspecto tiene que ver con algo que yo se lo escuché decir a Claudio Lozano y que a mí me parece súper interesante: la posibilidad de usar a Vicentin como una empresa pública productora de alimentos. Entonces, por un lado está la necesidad de rescatar una empresa que fue vaciada y por lo cual sus dueños tendrían que terminar con algún juicio penal. Pero todo lo otro también es importante, por más que a ciertos sectores les parezca que venga el comunismo expropiador, algo que me parece que no tiene mucho sentido discutir.

-Llama la atención la cautela o la oposición directa que expresan sectores del agro que serían beneficiados por la intervención del Estado en Vicentin, por la posibilidad de cobrar sus deudas y por avanzar en la integración hacia la exportación. ¿Encuentra una explicación a esto?

-El por qué no lo sé, pero sí creo que hay un problema de construcción política de la medida por parte del gobierno. Una medida que uno podría justificar de mil razones super importantes, con un montón de efectos reales y potenciales favorables a los intereses de la micro, pequeña y mediana burguesía del sector agropecuario, no termina de ser apuntalado por esos actores, salvo algunas excepciones Lo veo más como un problema de la construcción política del instrumento, que se lanzó sin incorporarlos políticamente a un planteo que es de cambio estructural realmente. No incluir dentro del planteo a estos segmentos del capital que se verían muy beneficiados fue un error táctico que me parece que hoy lo estamos pagando. Al punto tal que hay que ver en qué termina este proceso y sería una lástima perder la oportunidad.

-¿Es posible pensar en una redefinición de la economía global por la pandemia?

-No lo puedo decir tajantemente, me queda demasiado grande la pregunta. Lo que sí puedo decir es que me parece que va haber un cambio muy importante en el sentido del rol del Estado y es notable en países, como la Alemania de Merkel. Lo otro que veo, y que por lo menos va a ser central en la reactivación de las economías, es la cuestión de la transferencia de ingresos y la distribución del ingreso. Ahí también me parece que para países de América latina, y Argentina muy en particular, se abre una ventana de oportunidades. Está claro que se necesita del Estado para empezar a revertir esta crisis. Está claro que eso va a tener un costo fiscal importante y que con los ingresos corrientes va a ser difícil de financiar. Tampoco es opción el endeudamiento externo. Y ahíse abre debate sobre quién lo financia. Me parece que el proyecto que está durmiendo en el Congreso del llamado impuesto a los grandes patrimonios es una clave. La fuente de financiamiento debe ser la de los sectores de mayor poder adquisitivo de nuestra sociedad.

-De cara a este nuevo contexto mundial. ¿Es lo mismo tener industria que no tenerla?

-Es muy importante. Por ahí se citan livianamente los ejemplos de Australia, Noruega o Nueva Zelanda como modelos a seguir. Es verdad que Argentina todavía es abundante en algunos recursos naturales, pero somos una población que ya estamos llegando a los 50 millones de habitantes. Entonces creo que la industria es clave porque es el único sector que ha demostrado hasta ahora que tiene la capacidad de generar puestos de trabajo, al menos cuantitativamente importante, como para abarcar una población económicamente activa del tamaño de la Argentina. Creo que se puede pensar en algunos sectores en modelos de industrialización de los recursos naturales con una participación fuerte del Estado. Y el otro gran desafío sería pensar una empresa pública de alimentos,.

-¿Podría tener una nueva forma de inserción en el mercado mundial tras esta crisis?

-Es claro, por lo menos a mediano plazo, que las economías van a estar todas muy cerradas. Entonces, ahí se abre otra ventana para empezar a pensar desarrollos productivos de otro tipo

-¿Cómo ve la política económica, sobre todo en el área de lo productivo en relación al gobierno?

-Creo que tenemos en el Ministerio de Producción gente que sabe muchísimo. En esta ecuación de economía versus lo sanitario, hay que entender que los países que se preocuparon por la economía y descuidaron la salud están con cientos de miles de muertos y la economía peor que la nuestra. Argentina está negociando una deuda, tiene a sus principales socios comerciales en un proceso de crisis económica fuerte y cerrando sus economías con lo primero hay que pasar este temporal tremendo, después recomponerse, que va a ser durísimo y que tiene que ver con el nuevo rol del estado y la distribución del ingreso. Y cuando las cosas estén medianamente armadas recién ahí va hacer momento de pensar y de aplicar un instrumental distinto de política productiva.

-¿Por dónde piensa que podría pasar la salida de la pandemia en el futuro de mediano plazo? ¿Considera que, por ejemplo, el IFE se podría transformar en un ingreso universal? ¿Qué pasará con el programa de asistencia a la producción?

-Creo que algo vinculado al ingreso universal, de hecho ya se está discutiendo a nivel internacional y no es ninguna novedad. Pero insisto con que cuando uno dice que va a haber una inyección de recursos estatales fuerte, también tiene que decir a la sociedad de dónde sacaría sus recursos. Por eso, para mí la cuestión del impuesto serio a los grandes patrimonios de nuestra economía sería importantísimo. Argentina tiene un montón para hacer y corregir muchísimo la desigualdad. Por supuesto los sectores afectados se van a resistir, van a ejercer su presión por todos los medios, pero la peor pelea es la que no se da.

-¿Es viable la conformación de un consejo económico y social?

-Sí, siempre que no sea lo de siempre, que es sacarse la foto con la burocracia sindical y los jefes de la UIA. A nivel internacional por lo menos hay consenso por lo menos de que vamos a una fase distinta, donde la salida a corto plazo va a tener que ver con la redistribución del ingreso. Es muy interesante discutir a qué sectores el Estado tiene que promover con política productiva, a qué sectores canalizar un ingreso universal, dónde focalizar la asistencia y de dónde salen los recursos. Endeudarse sería un nuevo suicidio, con lo cual quedan pocas dudas que el camino es el de una reforma impositiva.