septiembre 21, 2020

Radio Gran Rosario

FM 88.9 MHZ.

El sueño de construir una escuela popular desde el corazón de Villa Banana

Vecinos y militantes de la organización Causa levantan en el Club 27 de Febrero un espacio para las infancias y la juventud.

 

Fuente: La Capital

La construcción ocupa todo el ancho de la cancha de fútbol del Club 27 de Febrero. Facundo Peralta, referente de la organización popular Causa, camina sobre un contrapiso en una de las esquinas del club, y desde allí describe: “Acá habrá un espacio para talleres, en el medio una zona común y en aquella otra parte va a estar el espacio de cuidado”. Habla de lo que en poco tiempo será una escuela popular, edificada por vecinas, vecinos y militantes de Causa. Comenzaron con los primeros cimientos a principios de junio, sobre calle Valparaíso al 2500. Desde que empezaron a soñar la escuela y hasta que esté lista, cada paso persigue la impronta de lo colectivo. También el nombre que llevará será decidido así. La escuela es una respuesta para los más chiquitos y para los pibes y las pibas de Villa Banana y Bella Vista.

   “Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea”, escribió alguna vez Eduardo Galeano. La frase del autor uruguayo acompaña el texto de Causa que da detalles del proyecto: un espacio integral, comunitario, cultural, educativo, deportivo y recreativo. Una escuela dentro de un club. Un sueño que permita condensar 17 años de trabajo de la organización en esta popular barriada del oeste rosarino, uno de los asentamientos más poblados de la ciudad.

A diferencia del club, que tiene su gran puerta sobre 27 de Febrero, la escuela tendrá un ingreso independiente por Valparaíso y contará con dos grandes áreas: por un lado, el lugar de cuidados para la primera infancia, con juegos al aire libre; y por el otro sector, un salón de usos múltiples y sala para talleres, cuyos cimientos ya están terminados. Ambos funcionarán independientes, pero integrados a través de un espacio verde para huerta y parrilleros. La construcción se levanta sobre una superficie de 60 por 10 metros. Desde Causa señalaron que los fondos para la construcción en esta primera etapa salen del aporte solidario de personas vinculadas a la organización y de recursos propios generados desde la autogestión. Para más adelante tramitan subsidios del Estado. Los trabajos arrancaron apenas se habilitó en Rosario el permiso para obras menores con hasta cinco trabajadores. Esta semana llegó la bloquera comprada para empezar a hacer las paredes. Dependiendo de la evolución de la cuarentena, la idea es finalizar hacia fin de año.

La organización popular Causa —que integra el Frente Social y Popular— nació en 2003, en los años posteriores al estallido social y económico que terminó con la salida del gobierno de la Alianza. Comenzaron en pasaje Independencia y Valparaíso con talleres de apoyo escolar para los chicos y chicas del barrio, hasta que hace cinco años inauguraron en ese lugar la Banateca, la primera biblioteca popular del barrio, donde hasta antes de la pandemia funcionaban de mañana un espacio de cuidado para la primera infancia, y por la tarde talleres de arte para niños y niñas. En una casa del barrio también llevan adelante el taller de carpintería Pura Lija y en la canchita del club el de fútbol para adolescentes.

Pero los espacios destinados para estos proyectos estaban quedando chicos para desarrollarlos con comodidad. Por eso pensaron en construir una escuela popular que pueda albergarlos en un sector del predio recuperado por y para los vecinos tras años de abandono, vandalismo y usurpaciones.

Carlos Fernández es un joven del barrio encargado de la obra de la escuela popular y se sumó a Causa hace unos seis años. Carpa, como lo llaman sus amigos, coordina desde ese tiempo el taller de carpintería Pura Lija, que funciona en un sector de su casa, ubicada a pocos metros a del club. “Soy carpintero y les doy clases en mi taller a siete o diez pibes de entre 14 y 17 años”, cuenta. Algunos de esos chicos a quienes capacitó aprendieron el oficio y hoy trabajan con él en su carpintería, donde hacen muebles de cocina y placares a medida. “Los pibes se enganchan —dice—. Ya hicimos bancos para el club y percheros. Es necesario esto porque yo también soy de barrio, me crié acá y sé que a los chicos siempre hay que mantenerlos ocupados, que tengan un espacio donde puedan abrir la mente a algo que sea útil para ellos”.

En el corto plazo, la idea es mudar a la escuela el taller Pura Lija, y sumarle otros oficios, como electricidad y plomería. Para más adelante prevén incorporar cursos de alfabetización, primaria y secundaria para adultos y promoción del acceso a la universidad.

Primera infancia

Para la foto con La Capital, los muchachos y las mujeres que participan de la construcción de la escuelita popular de Villa Banana se suben a unas montañas de tierra que forman el dibujo de una especie de laberinto en miniatura. En ese diseño, donde cavaron pozos de hasta un metro de profundidad, irán los cimientos de lo que será el espacio de cuidado La Gurisada, un centro de desarrollo infantil para la primera infancia que hoy funciona en la Banateca. La intención es desplegar en ese sitio un abordaje interdisciplinario (nutricional, psicomotriz y psicopedagógico), con un servicio de comedor diario. En esa construcción, además de baños, cocina y una oficina, habrá un patio para actividades recreativas. Y detrás, una huerta urbana.

Actualmente son siete las jóvenes que, en diferentes tareas, forman parte del espacio de cuidado, para unos 20 pibes de entre 2 y 5 años que, por diversos motivos, sus padres y madres no pueden cuidar por las mañanas. “También hay un grupo de chicos que son hermanitos que los dejábamos ir porque no tenían contención y andaban todo el día en la calle, entonces nosotras nos propusimos que estaría bueno dejarlos que estén ahí antes que en otro lado, para que no corran riesgos”, dice Brenda Báez, una de las chicas del equipo.

El espacio de cuidado funciona de 9 a 12 y al llegar los nenes y nenas reciben el desayuno y luego les proponen distintas instancias lúdicas y pedagógicas. Luciana “Lula” Romero es psicóloga egresada en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) e ingresó a Causa en 2018. Arrancó como tallerista en la Banateca y luego en el espacio de cuidado.

“Me encantó sumarme a una propuesta cultural dentro del barrio y tratar de ampliar derechos de las infancias, por eso me parece que es fundamental este tipo de espacio”, sostiene la psicóloga.

Todas las mujeres que forman parte del sitio de cuidado cobran una remuneración por la tarea realizada. Como bien explica Lula Romero, la intención es valorizar esas tareas de cuidado y que sean remuneradas como cualquier otro trabajo: “Muchas veces estas tareas son vistas como algo propio o natural que tienen que estar a cargo de las mujeres y que se hacen por amor. Y claro que se pueden hacer por amor, pero también es un trabajo, por ende tiene que ser pago”.

Al igual que en la Banateca, por la tarde funcionarán también distintos talleres para niñas y niños, como los de arte, música y circo. Ludmila Pancera, quien estaba a cargo del taller de arte de los lunes, recuerda que arrancaban cerca de las 18, cuando los chicos y chicas salían de la escuela. “Primero se merienda y recién entonces intentamos empezar con el taller, que por ahí vamos con una propuesta pero después se dispara otra cosa”, cuenta Ludmila. Los talleres de arte funcionarán en el espacio común que estará entre las dos alas principales de la escuela popular. “La Banateca —agrega— es muy chiquita y va a seguir funcionando pero como biblioteca solamente”.

Ludmila también es una de las personas a cargo de las redes sociales de la organización, por donde compartirán periódicamente el avance de las obras. “Estamos registrando todo y la idea es en un futuro hacer una película que cuente la historia de la recuperación del predio, la formación del Club 27 de Febrero y la construcción de la escuela popular”, anticipa.

   Un club recuperado

El predio ubicado en 27 de Febrero al 4200, entre Valparaíso y Río de Janeiro, es un territorio que reconoce una historia de disputas. Allí funcionó el club Juan XXIII, hasta que en 2013 las autoridades del club decidieron retirarse del espacio “obligados por usurpaciones, amenazas y hechos delictivos”, tal como consigna la crónica de La Capital publicada a principios de septiembre de 2018, cuando Causa presentó ante la entonces intendenta Mónica Fein y ante el ex gobernador Miguel Lifschitz un proyecto de inclusión social para recuperar un club que estaba desde hacía años abandonado y copado por bandas vinculadas al narcotráfico.

“Nosotros estamos acá desde que Juan XXIII lo dejó. Pero hace dos años hubo una llegada fuerte de unos tipos mafiosos de la zona y eso nos hizo tomar la decisión de generar los papeles para organizar el club, plantar bandera y disputar el territorio de otra manera”, resume Facundo Peralta, quien actualmente preside la comisión directiva del club 27 de Febrero. Según cuentan las crónicas de la época, con el abandono de las instalaciones el terreno fue usurpado y usufructuado por narcos, que se apoderaron por la fuerza del lugar e imponiendo el pago de alquileres o un canon para organizar torneos interbarriales.

En esa tarea de recuperación del club, empezaron con la experiencia de una escuela de fútbol y torneos en la canchita. Y en paralelo comenzaron a llevar a los que iban al taller de carpintería de Pura Lija y a los más chiquitos de la Banateca al predio del club. Para que se apropien de él y amalgamar así un sentido de pertenencia de chicos y grandes con un espacio que sea pulmón del barrio. Donde se respiren otros aires, más ligados a los sueños colectivos y a torcer el destino de chicas, chicos y jóvenes que patean a diario las calles de uno de los sectores más vulnerables de la ciudad.

Educación popular

La escuela que se construye en Villa Banana se basa en los principios de la educación popular, para ser una experiencia gestión social “que dialogue, articule e interpele a la educación formal a la vez que sea una usina productora de conocimiento popular, situado, y de nuevos mundos, con mayores posibilidades y dignidad para quienes la habitan”. Facundo Peralta destaca que Causa tiene una historia de trabajo desde la educación popular, ya sea en las actividades culturales de la Banateca, con alfabetización para adultos, con el trabajo con niños y niñas, y con los talleres de oficios. Cita también la experiencia del Centro de Alfabetización y Educación Básica para jóvenes y adultos (Caeba) que funciona en la Casa Puentes de Constitución al 200. Un espacio que tienen pensado replicar en Villa Banana. Cuando la escuela popular esté en funcionamiento la idea es sumar también un aula radial articulada con secundarias de la zona. Guillermo Campana —abogado militante de Causa— advierte que pese a que la zona oeste tiene una de las densidades poblacionales más importantes de la ciudad, hay falencia de escuelas secundarias en relación a esa población.

Los propios vecinos que desde chicos participan de diferentes espacios están a cargo de las obras de edificación.

Los propios vecinos que desde chicos participan de diferentes espacios están a cargo de las obras de edificación.

La pandemia y el hambre

“Durante la pandemia se vio mucha necesidad”, dice Brenda Báez, integrante del equipo de cuidados. El hambre se hizo sentir con fuerza y, como en otros barrios de Rosario, se armaron en esquinas y casas particulares ollas populares y merenderos para contener esa falta de alimentos que no admite esperas. Ni bien cerró la biblioteca ante la suspensión de las actividades culturales y recreativas por la pandemia, la Banateca se convirtió en un centro donde cada jueves al mediodía se sirve un plato de comida. Las mujeres del espacio de cuidado son las que se ponen al hombro esta tarea, que da cien raciones cada día. Los lunes, pero por la noche, hay otra olla popular en el taller Pura Lija. En el Club 27 de Febrero también funciona un comedor, donde se llegaron a cocinar hasta 700 raciones.

Guillermo Campana afirma que la pandemia lo que en realidad hizo fue intensificar muchas problemáticas que ya venían existiendo, aunque quizás haciendo emerger algunas con mayor fuerza: “En los barrios el hecho de vivir al día complicó mucho la existencia de la gente, porque la imposibilidad de poder salir a ganarse el mango por las restricciones a la circulación acentuaron las desigualdades”.

Mientras recorre las obras que se levantan a un costado de la canchita, Facundo Peralta saluda a cada uno de los muchachos que la tarde del viernes hacen pozos, cortan hierros y preparan la mezcla para la carpeta de cemento. Entre ellos están Dani, Guasón, Lapi y Pajarito. “Yo nací acá a la vuelta y a todos estos pibes —dice Peralta— los conocimos de chiquitos, cuando tenían cinco años, les dábamos la leche y los ayudábamos a hacer la tarea. Y fijate que ahora son ellos los que están construyendo la escuela a la que van a ir sus hijos. Este es un proyecto de vida. Por eso la construcción política, social y educativa de acá tiene como base el vínculo humano, que es lo que nos hace a nosotros transformar la vida de todos, inclusive la nuestra”.