noviembre 29, 2020

Radio Gran Rosario

FM 88.9 MHZ.

Sociedad civil

Columna de opinión

Por Fabián Di Nucci
fabiandinucci@gmail.com

En tiempos cómo los que corren, donde todos “tenemos” derechos y “urgencias”, y cuando muchas veces creemos que los nuestros son los “más” urgentes, o hasta se oponen a los de otros ¿dónde está la voz de nuestras organizaciones?.

(Una asociación consiste solamente en la adhesión pública que da cierto número de individuos a tales o cuales doctrinas, y en el compromiso que contraen de contribuir de cierta manera a hacerlas prevalecer. El derecho de asociarse así se confunde casi con la libertad de escribir; pero, sin embargo, la asociación posee más poder que la prensa. Cuando una opinión es representada por una asociación, está obligada a tomar una forma más clara y precisa. Cuenta con sus partidarios y los compromete para su causa. Éstos aprenden por sí mismos a conocerse unos a otros, y su ardor se acrecienta con su número. La asociación reúne en un haz los esfuerzos de los espíritus divergentes, y los empuja con vigor hacia un solo fin claramente indicado por ella.” La Democracia en América. Alexis de Tocqueville)

Los colegios profesionales (abogados, contadores, ingenieros, arquitectos, todos y cada uno) ¿no tienen nada que decir sobre las medidas de distanciamiento?
Están bien y debemos respetarlas? ¿O están mal y no debemos cumplirlas?

Todos y cada uno de los gremios de la rama de tareas que sea ¿no tienen sugerencias que hacerles a sus afiliados, más allá de convocarlos a parar para reclamar por justas y obvias mejoras salariales?

Las iglesias, desde la católica hasta cada una de las cristianas, la judía y la musulmana y las que me olvido ¿no deberían contribuir a señalarle a sus fieles qué deben hacer en pandemia?

Los partidos políticos, estén o no gobernando, los más grandes y representativos, o los más chicos y menos representativos ¿han elaborado algún documento público semanal o mensual o trimestral al menos, para orientar a seguidores y afiliados acerca de qué hacerse cada día, poniendo racionalidad en la depresión, la tristeza y la incertidumbre?

Nuestros líderes empresariales, los virtuosos del sector privado, siempre “maltratados” por fuerzas externas que le impiden el despliegue de sus innumerables virtudes, sus cámaras respectivas, además de obtener ayuda para pagar salarios, créditos o moratorias ¿han expresado, aunque sea por zoom el modo de mejorar? ¿Han establecido y documentado algunas buenas ideas que nos ayuden a salir adelante? Y sobre todo ¿adhieren, apoyan, recomiendan, sostienen y apuntalan a los gobiernos y a sus medidas de prevención y cuidado? ¿O nos sugieren alterarlas, saltearlas, sabotearlas porque las saben y las juzgan incorrectas y dañinas?

La FAA, la CGT, las Cámaras y Fundaciones de la A a la Z ¿qué han expresado? ¿Cuánto han dicho? ¿Qué aportaron a la sociedad que las contiene, brindándonos ideas superadoras, criticando lo que se hace mal y señalando el mejor camino, constructiva y democráticamente?

La innumerable cantidad de asociaciones médicas, cuyos profesionales están jaqueados como los de ningún otro sector, siempre primeros en la línea de batalla contra el Covid ¿cuándo y cuánto se han expresado orgánicamente para trasladar a sus miembros y a la ciudadanía el qué hacer cotidiano, la gravedad de la situación o, por el contrario, la explicación de que “no pasa nada” y solo es un grupo de posesos que exagera?

Las universidades, todas y cada una, sus facultades, los consejos directivos, los centros de estudiantes, sus agrupaciones, las federaciones universitarias regionales y la FUA, que han sido siempre la vanguardia intelectual en la argentina ¿qué nos han dicho en siete meses? ¿Qué sesudo y comprometido análisis a modo de la vacía extensión universitaria que se declama, nos han proporcionado?

Los gremios de periodistas, los intelectuales, los artistas, los músicos, pero no mediante cartas de grupos inquietos y bienintencionados, sino a través de sus verdaderas organizaciones representativas ¿qué han dicho? ¿Dónde están sus señalamientos, sus aportes y sus comunicados?  ¿O siquiera su arte dolorido o sus ensayos esclarecedores?

¿Dónde están sus opiniones orgánicas?
¿Dónde están las organizaciones de la sociedad civil para aumentar los aciertos del presidente, de cada gobernador e intendente? ¿O para evitar, anticipar y corregir sus errores?

Las mayorías no marchan, es cierto, porque la irracionalidad excepcionalmente supera al sentido común. Nos quedamos, como podemos, en casa.

Pero sobran canales sociales de expresión.

Sin embargo, el silencio por lo que no expresan, aturde, y nos pone en evidencia.

 

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