agosto 15, 2020

Radio Gran Rosario

FM 88.9 MHZ.

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Columna de opinión
Por Fabián Di Nucci.
@fabiandinucci
Argentina, a diferencia de otros países como EEUU o Chile, transcurre esta pandemia sin declarar el estado de sitio ni, menos aún, toques de queda o ley marcial.
En términos de garantías constitucionales no existe ninguna suspendida.
Si hablamos de libertad de prensa, da la impresión de que Lanata, Longobardi, los Leuco, todo el plantel de chicas y chicos exaltados de TN, la srta. Pérez, “tesaludamostodoslosdecambiemos” Tato Young, Feinmann, Baby Face, Johnny Viale, el Dr. Sin (sin), el inclasificable Etchecopar, Alconada Mon, Morales Solá, la necesitada de afecto Silvia Mercado, “joséfotocopia” Cabot, el runner Majul, Novaresio, Fantino, el raro Sehinkman y su más raro panel, Vilouta, Doman, Plager, el filósofo Fontevecchia, lo que queda del diario Clarín, los restos del diario La Nación, Perfil, Infobae, toda la radio Mitre (bien puesto tiene el nombre), la Red, Radio Rivadavia (más que bien puesto tiene el nombre), dicen, opinan, adjetivan, cuestionan, atacan, convocan y directamente organizan las más variadas formas de oponerse a cualquier cosa que haga el gobierno. No parecen condicionados, asustados ni amedrentados.
No parece, ni mucho menos, que esté en riesgo la libertad de expresión.
Un repaso sencillo, siempre cuantitativo porque cualitativo es imposible, indicará que son enorme mayoría los medios, programas, periodistas y comunicadores opositores, que los “adictos” al gobierno.
A ninguno, además, se lo trató como trataron a los movileros de C5N el 9 de Julio.
Tampoco, claro, se puede pretender que libertad de prensa signifique nunca investigar la comisión de un posible delito porque haya un periodista en el medio. Y en los particulares casos de Santoro y de Majul lo que se investiga es eso: la posible comisión de un delito (y uno de los más repugnantes habida cuenta de la historia argentina) que, con mucho menos, durante el macrismo, hubiera significado la prisión preventiva de ambos.
Cualquier periodista de cualquier programa pregunta con una brutalidad y un desparpajo de experto pero exhiben la más supina ignorancia. En muchos casos mienten en forma alevosa o desvían la noticia para adaptarla a sus necesidades o las de sus empleadores.
Son incombustibles, resisten cualquier papelón, como susanas con los dinosaurios, y cuando les contestan como se merecen, lagrimean por twitter, con frases de culebrón, de puro berretas.
Con un mínimo de honestidad, ninguno puede decir seriamente que se los haya coaccionado, condicionado, apretado o perseguido para que dejen de decir, escribir y opinar lo que se les canta.
Otra de las consignas de algunos convocantes o marchantes es la transparencia.
Está muy bien reclamarla y hace más de cuarenta años ya Bobbio la señalaba como una de las promesas “incumplidas” de la democracia (la global, no la argentina).
Siempre es importante bregar por la transparencia porque el poder puede beneficiarse ilegalmente, a costa de los ciudadanos. Puede nombrar amigos en vez de expertos, puede nombrar socios en vez de idóneos, puede prestarle plata a estafadores, puede designar competidores a cargo de empresas nacionales.
Sobre todo puede espiarte en contra de la ley, como parece fue el modus operandi de algunos ex funcionarios del macrismo, comenzando por el que originó el nombre, que se deleitaba con los secretos ajenos, sean políticos, familiares, sindicales o deportivos.
Casi casi, se diría, lo único que le quitaba el sueño.
Desde ya, el hombre se presume inocente, aunque esta sospecha vuelva sobre él, con la desgracia de haber sido procesado por lo mismo hace varios años. Pero, como reza el dicho popular “si es rico, para qué va a espiar?”
Así y todo cabe señalar que el desconocimiento del sistema penal en general y de los mínimos derechos que tienen las personas cuando rige el estado de derecho es asombroso.
Lo más curioso es que mientras exigen garantías constitucionales, se quejan cuando la justicia, mal y tarde quizás, las aplica.
Principio de inocencia. Debido proceso. Jueces naturales. La prisión preventiva es excepcional (pero fue la regla durante todo el macrismo).
La gente se indigna después de dejarse inflamar por esos mismos periodistas que operan en forma descarada y pertinaz desde hace muchos años, y que dictaminan como jueces condenando y linchando mediáticamente, muchas veces por un punto más de rating, y otras muchas con fines políticos claros.
Cuando luego la justicia no encuentra pruebas, estallan porque “confirman” lo que ya sus prejuicios “sabían”: son todos cómplices. Y se indignan, con una indignación casi masturbatoria, una indignación bruta, ignorante, con objetivos difusos y genéricos propios de repetir estupideces como si fueran los diez mandamientos.
Pero es su propia frustración, en pos de consignas absurdas como estar contra el comunismo y defender la propiedad privada, o sustentada sobre un odio espeso y permanente hacia el “pobre”, el populismo”, los “políticos”, los “subsidios”, que se enfoca sobre alguna figura, hoy por hoy CFK, la preferida por todos, cuando está y cuando no está, cuando habla y cuando no habla, cuando hace y cuando no hace.
No hay nada más imbécil que la consideración general de una persona. Eso hacen todos los totalitarismos.
Desde 1983 no operaban todas juntas estas fuerzas antiargentinas, esta corriente de mezquindad y desprecio por el otro. Salen a la luz porque encuentran una agrupación que les quitó la verguenza que sentían por pensar mal, por deseas el mal, por poseer solo disvalores, por hacer un culto de la intolerancia, por rechazar la solidaridad.
Ya no les da verguenza decir públicamente lo que antes apenas confesaban entre amigos, y se animan a pedir, como dijo el señor jubilado anticuarentena fallecido por Covid 19 Spotorno “viva EEUU, ojalá hubieran ganado los ingleses, todo lo bueno es yanqui”. y varias otras pelotudeces de ignorante colonizado pero orgulloso como los Cipayos: ese orgullo y ese desparpajo de solazarse en disvalores se lo brindó cambiemos.
Durante la semana que pasó, crimen de Gutiérrez mediante, vimos lo peor de estas gentes, y podríamos suponer que se tocó fondo, sino fuera porque la imbecilidad y el odio no tienen límites.